India: Grupo de Vida Independiente para mujeres ofrece capacitación vocacional
por Emily A. Boyce, William F. Boyce [*], y Shoba Raja
[Advertencia del editor: este artículo se publica con permiso de los autores. Apareció primeramente en Asia Pacific Disability Rehabilitation Journal.]
Resumen
Vida Independiente es un concepto occidental que no tiene buena aceptación en los países en desarrollo dado su énfasis en la individualidad y autosuficiencia, además de la falta de consideración por la familia y las normas culturales. Sin embargo, las jóvenes con discapacidades de varios países se ven afectadísimas por su desventaja al conseguir acceso a los programas de capacitación vocacional. Este estudio demuestra que se pueden implementar formas culturalmente apropiadas de Vida Independiente para obviar el problema. Por dos años se entrevistó a nueve mujeres con discapacidades mientras asistían a un programa de capacitación en prótesis y órtesis. La mayoría de ellas vivieron juntas durante aquel. La calidad del análisis demuestra que las mujeres con discapacidades pueden beneficiarse de la vida en grupos independientes que tienen un componente de capacitación vocacional que puede mejorar en mucho su desarrollo personal, social y profesional.
Introducción
A las mujeres con discapacidades se las ha ignorado en cuanto a investigación, políticas estatales y los movimientos de la discapacidad y femeninos y los programas de rehabilitación, algo que se ha hecho patente en años recientes (1, 2, 3). El mayor factor por las que las mujeres con discapacidades siguen estando en condiciones de desventaja y opresión es la falta de programas de capacitación vocacional. Los programas de acción que nacieron durante la década pasada de las conferencias de mujeres con discapacidades más importantes reconocen la necesidad de más programas educativos, vocacionales y de capacitación para mujeres con discapacidades. El acceso desigual a los programas de capacitación vocacional, sin embargo, sigue siendo una realidad para la mayoría de las mujeres de las mujeres en India a pesar que gran parte del pueblo opina que debería existir la igualdad de oportunidades (1).
La imposibilidad que tiene la mujer con discapacidades en India para conseguir programas de capacitación vocacional no es siempre un reflejo de la falta de programas. En muchos casos las mujeres no pueden participar a consecuencia de barreras sociales estructurales consecuencia de factores relacionados con su género, clase y discapacidad (4). Boylan (5) identificó varias barreras para que la mujer participe en servicios de rehabilitación que incluyen: pobreza, aislamiento rural, edificios y transporte inaccesibles, poco amor propio (citados en 4). Kern (4) comenta que aunque las mujeres con discapacidades puedan participar, los programas de capacitación vocacional tienden a estar dominadas por hombres y no dan servicios sociales de apoyo apropiados. La resultante es que muchas mujeres se ven forzadas a abandonar los programas antes de que los completen. Kem propone que los programas de capacitación y rehabilitación haya suficientes mujeres para que se aseguren el apoyo social y moral necesario para crear confianza en sí mismas e insiste que estos programas reconozcan las barreras específicas que tienen las mujeres con discapacidades y que se implementen estrategias que faciliten su participación plena.
Este artículo examina los grupos de vida independiente como estrategia para facilitar el acceso de las mujeres a los programas de capacitación vocacional. Más específicamente, examina los grupos de vida independiente como un esquema que a las mujeres les ofrece el apoyo necesario para desarrollarse a niveles personales y sociales, así desarrollando su amor propio, independencia y motivación para lograr el éxito en la capacitación y futura vida profesional.
Método
La oportunidad de vivir independientemente de sus familias y como grupo fue un esquema ofrecido por la Asociación de Personas con Discapacidades (APD) y Movilidad India (MI) en Bangalore, India. Fue una estrategia clave para asegurar que las mujeres pobres de áreas rurales pudiesen tener acceso al programa de capacitación que les enseñaría la manufactura de prótesis y órtesis por dos años y les ayudaría a organizar cooperativas de talleres de instrumentos de movilidad en el tercer año. Se arrendó una pequeña casa cerca del Centro de Ortésis de la APD y a las mujeres se inscribieron en el programa se les incentivó para que viviesen allí. Las mujeres recibieron estipendios mensuales que cubrías los costos de arriendo. Se reconoció que la oferta de este esquema de habitación era necesario para que las mujeres sobrepasaran las barreras de la pobreza y aislamiento rural y las dificultades, tanto físicas como financieras, del viaje diario desde y hacia el Centro. Sin la oportunidad de vivir independientemente sin costo, estas mujeres no habrían podido tener acceso al programa de capacitación como resultado de la distancia de las casas de sus familias y la pobre situación financiera de aquellas.
Es más, se consideró que vivir en grupo era el esquema más posible como consecuencia del género de la mujer. Se entendió que aquella podría enfrentarse a una oposición considerable de sus familias si vivían solas en la ciudad y no se sentirían ni seguras ni cómodas al hacerlo. Por tanto, esta iniciativa fue un intento de solucionar una cantidad de problemas a los que se enfrentan esas mujeres como la ubicación rural, su clase, su género y la sobre protección paternal. El grupo de vida independiente fue la estrategia que intentó ayudar para obtener el permiso de la familia para la capacitación, dar apoyo social ala mujer y dar una estructura más segura y económica que vivir sola o viajando distancias enormes de sus hogares familiares.
En 1996 y 1997 se hizo un estudio para examinar los efectos de la vida independiente para un grupo de mujeres jóvenes con discapacidades de India. Por los dos años del programa se hizo entrevistas individuales y colectivas con nueve mujeres. El foco del estudio fue examinar el grupo de vida independiente como esquema para aumentar el desarrollo de las mujeres a nivel individual y social mientras se les daba el apoyo y la confianza necesarias para mantener el acceso a la capacitación vocacional. Los resultados presentados aquí describen áreas claves del desarrollo como resultado del grupo de vida independiente:
Desarrollo de capacidades de vida independiente;
-
Desarrollo social (sociabilidad aumentada, confianza en público y capacidad para apoyar a otras) y
-
Desarrollo personal (Mejora de la imagen de sí, independencia y e motivación profesional).
Resultados y análisis
Capacidades de vida independiente
En total, nueve mujeres participaron en el programa de capacitación en órtesis y prótesis. Tres de estas mujeres siguieron viviendo con sus padres o parientes durante el programa porque sus casas quedaban cerca del centro de capacitación en Bangalore. Por tanto, se hizo posible sacar ciertas conclusiones sobre las diferencia en niveles de desarrollo entre las mujeres que vivieron independientemente en la casa de grupo y aquellas que se quedaron con sus familias. Por ejemplo, fue evidente que las mujeres que vivieron en grupo desarrollaron técnicas prácticas y de vida independiente que no aprendieron las otras. Al entrar al programa, la mayoría de las mujeres informó que sus padres la sobre protegían y que no creían que eran capaces de hacer o de responder a tareas domésticas. "Hasta me trae (la mamá) el café hasta donde estoy. No me dejan sacar el plato de mi almuerzo. Si llego a sacar el plato, mi padre reta a mis cuñadas. Les dice '¿sus piernas no están bien, por qué la dejan hacerlo?' Mis hermanos y mi padre las retan al decirles que no dejen a esa niña hacer cosas".
Al vivir en una casa de grupo, las mujeres pudieron compartir las habilidades que tenían y aprender muchas cosas que no les habría sido posible aprender si se hubieran quedado con sus familias. Inventaron varios sistemas que facilitaban su posibilidad de vivir independiente y cómodamente como grupo. Por ejemplo, comenzaron la rutina de cocinar en pares para que las mujeres que no sabían cocinar pudieran aprender de las experimentadas. Si había tareas duras como acarrear agua, todas participaban en la tarea. "hay un grifo cerca de nuestra pieza. Rajni, Mira, y Rajasri no pueden sacar agua de aquel; pero Namita puede. Mohua también puede alzar pesos, mas yo soy la única que lo puedo hacer sola. Mohua levantará el agua, se lo dará a Namita y ella me lo dará a mí para que la lleve".
Las mujeres desarrollaron técnicas de administración, organizaron un sistema de comidas comunitarias donde cada una contribuía 300 rupias de su estipendio mensual y decidían cuáles comidas comprar. Con esos fondos las mujeres iban al mercado y compraban comida suficiente para que les durara un mes. Habría sido imposible tomar esta era una responsabilidad si hubiesen vivido si vivieran en sus casas. "Nosotras hacemos el trabajo y vamos de compras. Sabemos cuánto gastamos y cuánto no ahorramos, y nos gusta. Como en nuestras casas nuestros padres se preocupan de todo, no sabemos nada. Qué cosa es cara y cuál es barata".
En resumen, vivir independientemente de sus familias les ha dado a las mujeres la posibilidad de administrar un hogar y de aprender tareas como cocinar, limpiar y administración monetaria. Estas habilidades les dieron confianza en sí y les ayudaron a prepararse para un futuro de vida independiente y continuar su trabajo en la ciudad.
Desarrollo social
Sociabilidad y confianza aumentada
Las mujeres con discapacidades, especialmente d las áreas rurales, generalmente se ven aisladas de las acciones familiares y de las actividades comunitarias. Además, se ven expuestas al estigma y los estereotipos sociales dentro de sus comunidades, lo que las lleva a sentirse devaluadas, aisladas y avergonzadas (1,2). Todas menos una de las mujeres en el estudio se sentían avergonzadas, aisladas y solas en las funciones sociales, festivales o cuando la gente llegaba a casa de visita. Decían que "Desde pequeña nunca salía. Nunca fui a matrimonios. Era tímida porque tengo discapacidades. En casa soy la única como soy y me solía sentir muy mal".
La experiencia en grupos de vida independiente parece haber tenido un impacto positivo en los niveles de sociabilidad de las mujeres y en su confianza para salir afuera o a funciones sociales. Vivir con otras mujeres con discapacidades en ambientes donde no existe la crítica fue beneficioso para levantar la moral y desarrollar roce social. Todas las mujeres que residieron en el hogar comunal informaron de sentirse aceptadas, sociables y de tener la confianza de salir solas a la ciudad. Como salían en grupo, ni se sentían aisladas ni insultadas si alguien se quedaba mirándolas. Juntas, se reforzó su confianza en sí mismas y podían hacer sus quehaceres con apoyo mutuo.
El apoyo mutuo también les dio la confianza de ser más sociables y extrovertidas cuando visitaban a sus familias. "Mi madre dice que nunca había pensado que podría haber vivido independiente y arrojadamente. Antes era muy tímida y no estaba acostumbrada a quedarme sola. Cuando llegaban visitas me iba para adentro y me sentaba. No estaba acostumbrada a hablarle a nadie y me asustaba fácilmente. ¡Cuando iba afuera lo hacía con mi madre o padre! Ahora voy sola a todas partes".
Se debe notar que aquellas mujeres que vivieron con sus familias o parientes durante el programa de capacitación no notaron cambios importantes en sus niveles de sociabilidad. Aunque informaron de sentirse más aceptadas y parlanchinas en el trabajo, siguieron sintiéndose aisladas y estigmatizadas en sus comunidades después del trabajo. Sin embargo, las mujeres que vivieron en grupo se sintieron aceptadas, con confianza y más sociables más constantemente.
Apoyo mutuo y tomando responsabilidades
Desde su niñez, sus comunidades y familias ven a muchas mujeres con discapacidades se las ve como lastres sociales y económicos (1,2). Boyce (3) y Pruthvish (6) declaran que la discriminación basada en género y discapacidad disminuye las posibilidades de las mujeres con discapacidades al matrimonio, a tener bebés o a ganarse la vida. A las mujeres con discapacidades no se les permiten ni las funciones tradicionales ni la calidad de esposas o madres y, por ello, generalmente se sienten emocionalmente incompletas e inferiores a otras mujeres. Algunas mujeres con discapacidades generalmente viven en la dependencia total, tanto emocional como financiera, y nunca tienen la oportunidad de cuidarse a sí mismas o a otros.
A estas seis mujeres, inmediatamente les nacieron oportunidades para adoptar funciones de atención al vivir en la casa de grupo. Las mujeres informaron que echaban mucho de menos a sus familias y que durante este período se dieron apoyo emocional las unas a las otras. Al pasar el tiempo, informaron que esta atmósfera de cuidado y apoyo mutuo les permitió ajustarse a la separación de sus familias. Durante su estadía en la casa, las mujeres se dieron cuidado de muchas formas, emocionales y físicas.
Además de adoptar funciones de atención dentro del hogar de grupo, las seis mujeres concluyeron que en el futuro deberían dar apoyo a sus padres. La confianza en su capacidad para cuidar a otros era tan grande que, en muchos casos, se vieron a sí mismas como más responsables que sus hermanos y hermanas de preocuparse que sus padres estuvieran bien. Una comentó "Deseo decirle a mi madre que no acurra a nadie, Ni siquiera a mi hermano menor. Le dije que no quería dejarla en casa de nadie. Que quiero ganar dinero para mantenerla y que no debería tener dificultades".
Las otras mujeres informaron de sentimientos parecidos y expresaron el deseo de arrendar casas y llevar a sus madres a Bangalore cuando el taller de órtesis ya estuviera funcionando. Sus percepciones de sí, por tanto, en relación con sus familias se desarrolló marcadamente durante los dos años del período de capacitación. Pasaron de sentirse totalmente dependientes de sus padres en cuanto a su seguridad económica, emocional y física, a sentirse que en el futuro podían dar apoyo y seguridad a sus padres.
Desarrollo personal
Imagen de sí mejorada: actitudes para con la discapacidad, el matrimonio y el género
Las actitudes de las mujeres hacia su propia discapacidad mejora dramáticamente cuando pasan más tiempo entre personas como ellas. Este desarrollo tiene dos aspectos. Primero, las mujeres informan que tras haber trabajado con clientes en el centro de órtesis ya no se sienten débiles o desaventajadas por su discapacidad. De hecho, todas las mujeres en la capacitación, tanto las que vivieron en la casa comunal y las que vivieron con sus familias, comentaron que ahora se sentían privilegiadas en relación con otras con discapacidades. Al reconocer que su privilegio relativo contribuyó a una imagen de sí mejorada, las mujeres se sintieron motivadas a continuar con su capacitación como técnicas en órtesis.
Segundo, la experiencia de la vida independiente en grupo mejoró la imagen de sí con respecto a las discapacidades. Como se mencionara anteriormente, las tres mujeres que se quedaron con sus familias durante el programa de capacitación, se sintieron aisladas y estigmatizadas al regresar a casa por la tarde. Sin embargo, las mujeres que se quedaron en la casa comunal no se sintieron solas con sus discapacidades y expresaron que ahora se sentían tan capaces y normales como todos: "En casa, entre tanto hermano y hermana, pensaba que era la única con esto. Al venir aquí me di cuenta que no necesito estar en una silla de ruedas, que en casa no necesito quedarme sentada. Por lo menos tengo piernas para caminar. Como algo de fuerza tengo en mis manos y piernas, puedo trabajar. Al pensar en esto, creo que tengo más oportunidades para mejorar. Ya no pienso en que tengo una discapacidad".
Es evidente que las actitudes de las mujeres hacia la discapacidad se hace más positiva mientras más tiempo pasan entre sus colegas de trabajo y otras personas con discapacidades que llegan al centro de órtesis. La experiencia de vivir independientemente en grupo, sin embargo, constantemente facilita y mejora el amor propio.
Asimismo, las actitudes de las mujeres hacia el matrimonio y sus opciones para el futuro se definen más y refuerzan al correr del tiempo. La experiencia de ser autosuficiente tanto en el trabajo como en la casa comunal hizo que las mujeres avaluaran su capacidad para determinar por sí solas lo que deberían ser sus vidas. Le tomaron valor a su libertad y su independencia y muchas de ellas no deseaban que se las quitara un marido: "Si alguien me pide casarme, les diré que no. Deseo estar con mi madre hasta el fin. Voy a estar bien, pasándola bien y libre. Comeré lo que quiero y si deseo ver TV, veré. El matrimonio implica que debo preocuparme por otros. Ahora solamente debo mantener mi bolsa sobre la mesa y dormir. ¿Lo podría hacer después de casarme? No es posible. No tenemos tanta libertad".
Las mujeres también desarrollaron consciencia de la dinámica de género que significa el matrimonio y sobre cómo esas dinámicas se pueden intensificar cuando la mujer tiene discapacidades. Se dieron cuenta de las funciones laborales en la familia y que se espera que el hombre sea el asalariado y la mujer la que se queda en casa. Tras vivir independientemente y trabajar en el centro de órtesis, las mujeres declararon que sólo se casarían si las dejan seguir trabajando y ganando sus propios salarios.
Las mujeres también se dieron cuenta que las mujeres con discapacidades también caían en mayor riesgo de abuso en el matrimonio. Hicieron muchas referencias a las mujeres sin discapacidades abusadas por sus maridos y expresaron temor a que sus discapacidades podrían aumentar la posibilidad de maltrato por ellos. Las mujeres expresaron que no querían exponerse a tal abuso a pesar de la condición y seguridad que el matrimonio trae.
En resumen, vivir y trabajar independientemente les aumentó su confianza en su habilidad para sobrevivir sin casarse. Esto fue muy importante para su desarrollo porque muchas de las mujeres que se sentían deprimidas ante su pobre posibilidad de encontrar marido. Ahora se sienten felices y autosuficientes e informan que no sacrificarían su nueva independencia aún ante la oportunidad de casarse.
Interés profesional y motivación
Todas las estudiantes se distinguieron en el programa bianual al aprender nuevas técnicas, técnicas de atención de pacientes y las capacidades de organización y administrativas necesarias para dirigir un taller independiente. Sin embargo, la oportunidad para aprender técnicas y hallar una independencia económica futura no es siempre motivación suficiente para que las mujeres completen los programas de capacitación vocacional. Las mujeres con discapacidades generalmente abandonan su capacitación antes de completarla como resultado de ambientes que ni las quieren ni les dan apoyo y por la dominación que ejercen los hombres en los centros de capacitación (5). Lo que interesa, por tanto, es cómo afecta la experiencia de vida independiente en grupo paralelo a la capacitación al interés de la mujer y sus niveles de motivación con respecto al programa y sus carreras futuras.
El estudio halló que las actitudes de las mujeres hacia el trabajo y la capacitación sufrió cambios importantes en el transcurso del programa. En su mayor parte, las mujeres se unieron al programa de capacitación para lograr trabajo que les ayude financieramente a sí mismas y a sus familias. Aunque al principio mostraron algún interés sobre la idea de hacer trabajo de prótesis y de órtesis, se sintieron aliviadas de encontrar empleo.
Ya comenzada la capacitación, sin embargo, las mujeres sintieron un gran alivio de que su trabajo era socialmente valioso y necesario para el bienestar de las personas con discapacidades. Este sentido de inspiración y obligación moral de ayudar a otros se desarrolló gracias a las experiencias de las mujeres en el trabajo tanto al ver cómo éste ayudaba directamente a aquellas otras personas como al darse cuenta de la gran necesidad por sus servicios. Algo también importante fue que las seis mujeres que vivían en la casa comunal informaron que no abandonarían el programa de capacitación o el taller de órtesis aún cuando le ofrecieran un trabajo mejor pagado. Las otras tres estudiantes que vivieron con sus familias durante el curso de capacitación informaron de que sí abandonarían el curso si les ofrecieran mejor salario. A fin de cuentas, dos de las estudiantes desertaron el programa.
Además, las mujeres que vivían en grupo informaron de su capacidad de aprendizaje se vio facilitado por el hecho que por la tarde hacían sus deberes en conjunto y que discutían los acontecimientos del día. Contrariamente, las mujeres que vivían con sus familias informaron que se les hacía difícil hacer sus tareas dadas las interrupciones familiares, falta de apoyo e interés de ellas y otras dinámicas que ocurrían allí.
Puede ser posible que las mujeres que vivían sin el grupo hayan tenido un menor compromiso con sus estudios porque no se sentían tan comprometidas con las otras mujeres del programa. Para las otras seis mujeres la experiencia de vivir en grupo resultó en una más alta cohesión de grupo, amistades más fuertes y un compromiso emocional de grupo. El dejar el programa no pareció ser opción viable para estas mujeres que vivían independientemente porque estaban comprometidas tanto con el grupo como con la nueva profesión. En resumen, la vida comunal dio al grupo de mujeres el sistema de apoyo que les permitió mantener el interés, la motivación y la atención hacia su capacitación y sus futuros como profesionales de órtesis y prótesis. En agosto de 1997, las siete mujeres que quedaban en el programa completaron el curso y recibieron sus certificados profesionales. El taller cooperativo se inauguró formalmente poco tiempo después y aún funciona.
Conclusión
El estudio demuestra que el éxito de este grupo especial de mujeres se dio mucho gracias a la experiencia de vivir independientemente y a la oportunidad de la capacitación profesional para administrar su propio negocio. Las seis mujeres que vivieron independientemente como grupo abrieron sus negocios propios y lo administran para ganarse la vida. Solamente una de las tres mujeres que vivieron con sus familias pudieron hacerlo. La vida comunal les permitió a las mujeres desarrollarse en formas imposibles para las que se quedaron con sus familias y los beneficios fueron muchos.
Primero, la oportunidad de vivir en grupo en la ciudad le dio a las mujeres acceso al programa. Sin esta opción las mujeres no podrían haber viajado, en cuanto a esfuerzo físico y de costo, cada día al centro vocacional. La vida independiente en grupo fue una estrategia exitosa de estas organizaciones para facilitarle a las mujeres pobres del campo el acceso básico a las oportunidades de capacitación.
Segundo, las mujeres aprendieron las técnicas de vivir independientemente en forma práctica y adquirieron experiencias en administración del hogar y a cuidarse a sí mismas que les servirá por el resto de sus días. Vivir independiente como grupo les dio la confianza necesaria para vivir sin sus familias en la ciudad y a cumplir con sus intereses profesionales tras el programa de capacitación.
Tercero, la experiencia de vivir con otras mujeres con discapacidades las benefició en su desarrollo social. El apoyo social y el cuidado mutuo que se desarrolló dentro del grupo aumentó su amor propio y confianza en cuanto a sociabilidad y coraje para sociabilizar con el público. Las habilidades sociales y la confianza que adquirieron en la vida comunal las puede haber beneficiado por el resto de sus vidas, especialmente en cuanto al éxito empresarial dentro de la ciudad. Además, las mujeres fueron capaces de hacerse cargo de otras al dar apoyo físico y emocional en formas que nunca se les había permitido en sus hogares familiares. Estas funciones nuevas las beneficiaron en su desarrollo emocional y les permitió pensar en mantener a sus padres en su ancianidad. La confianza de cuidarse a sí mismas y a otras fue un desarrollo importante porque habían pasado la mayor parte de sus vidas dependiendo de otros.
Finalmente, las mujeres vieron un enrome desarrollo a nivel personal. Sus imágenes de sí mejoraron drásticamente tanto con respecto a sus discapacidades y sus actitudes hacia el matrimonio como hacia su futuro. La vida independiente en los dos años del programa de capacitación les demostró que eran privilegiadas frente a muchos otros con discapacidades y, por tanto, que podían tener éxito en un hogar o trabajo a pesar de sus discapacidades y también podían ser autosuficientes y felices sin casarse. Más aún, la experiencia de vivir en grupo contribuyó a aumentar la motivación e interés profesional de las seis mujeres gracias a la alta cohesión de grupo y el apoyo social que esa situación les daba. En resumen, los beneficios de la vida independiente en grupo durante la capacitación fueron inmensos.
Como concepto, la vida independiente se originó en el mundo occidental para mejorar las vidas de las personas con discapacidades. Sin embargo, en el mundo en desarrollo se ha criticado a la vida independiente por su foco individualista contrario al comunalismo y por su aparente rechazo a la interdependencia familiar y tradición cultural (7). Este estudio demuestra que los beneficios básicos de la vida independiente, un aumento en el amor propio y la integración social, puede lograrse dentro de un concepto esencialmente oriental que también respeta las normas y valores culturales.
Claramente, la definición de Vida Independiente que se adoptó en la Conferencia Regional de Rehabilitación Internacional del Pacífico Asiático en 1995 se puede aplicar al experimento de APD porque "Vida independiente significa vivir como todos, teniendo la oportunidad de tomar las decisiones que afectan a la vida, ser capaces de hacer las actividades que uno escoge limitados sólo de la misma forma en que se ven limitados los vecinos sin discapacidades. No se debe definir a la vida independiente en términos de vivir solo, sino dice relación con la autodeterminación y con tener la posibilidad de equivocarse y de aprender de sus errores de la misma forma que lo pueden hacer las personas sin discapacidades".
Decididamente, se recomienda la posibilidad de vivir comunalmente apoyado financieramente cuando se trate de iniciativas vocacionales futuras de este tipo para eliminar las barreras de clase, discapacidad, género y la pobreza rural que sufren las mujeres con discapacidades. *Social Program Evaluation Group (Grupo del Programa de Evaluación Social), McArthur Hall, Queen's University, Kingston, Ontario, Canadá K7L 3N6 Dirección electrónica : boycew@post.queensu.ca
Referencias
-
Alur S. Women With Disabilities. ActionAid Disability News 1999; 10 (1&2) : 12 - 16.
-
Bhambani M. .The Burden of Women With Disabilities. ActionAid Disability News 1999; Vol. 10 (1&2): 22-24.
-
Boyce W, Kadonaga D. Family roles of disabled women in Indonesia. Saudi Journal of Disability and Rehabilitation 1999; 5 (1): 25-31.
-
Kern J. Meeting Women's Needs. Women and Girls With Disabilities in the Practice of Rehabilitation Projects. In Holzer B (ed) Disability in Different Cultures: Reflections on Local Concepts. Bielefeld: transcript Verl., 1999, 251 - 267.
-
Boylan E. Rehabilitation, Education, Employment Elusive Goals in Boylan E (ed) Women and Disability. London: Zed Books Ltd. 1991: 22 - 43.
-
Pruthvish S. Some Aspects of the Status of Women with Disabilities. ActionAid Disability News 1999; Vol. 10 (1&2): 31 - 32.
-
Thomas M, Thomas MJ. Influence of Cultural factors on Disability and Rehabilitation in Developing Countries. Asia Pacific Disability Rehabilitation Journal 1999; 10(2): 44-46.
|