Disability World
Una revista electrónica, bi-mensual, sobre noticias y opiniones internacionales relacionadas al tema de la discapacidad Volumen No. 18 Abril-Mayo 2003


Volver al índice en español - Go back to English

Conflicto, guerra y discapacidad

Por Charlotte Vuyiswa McClain (cmcclain@sahrc.za)

Las guerras se han peleado por años e, históricamente, se las ha clasificado guerras justas y guerras injustas. Las guerras se han peleado por el poder, para la liberación y para cambiar un régimen. Actualmente las guerras nos son traídas a los hogares por la televisión. El análisis y la cobertura varían entre reportajes sin sangre a las imágenes que enseñan visiones de las masacres de la guerra.

Recientemente, vi las celebraciones por la caída de Saddam en Bagdad. Saddan fue un tirano brutal y me alegro que ya no esté en el poder. Estoy de acuerdo con los cambios de régimen, particularmente cuando los tiranos han cometido violaciones de los derechos humanos. Pero no estoy de acuerdo con un “cambio de régimen” alimentado por la fuerza, que constriñe nuestros derechos constitucionales, los derechos de las mujeres, lastima a los niños, destruye el ambiente, erosiona la justicia social, desestabiliza la paz mundial, acaba con las libertades civiles y los derechos civiles en el nombre de la democracia.

Yo no creo en las bombas inteligentes, las bombas sólo traen dolor y terror, no traen la democracia. Quedé espantada cuando la Cruz Roja informó que el número de muertes civiles era “demasiado elevado para poderse contar”. Desafortunadamente, la cifra de víctimas y las consecuencias del conflicto continúan más allá de la finalización del conflicto.

Recuerden la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989. Las tropas estadounidenses iba a la captura de Manuel Noriega, un antiguo aliado del gobierno norteamericano, acusado de promover el narcotráfico. En esa ocasión, en El Chorrillo, un vecindario pobre en Ciudad de Panamá, se convirtió en un campo de batalla y muchos civiles quedaron atrapados en la lucha. Meses después, la organización de derechos humanos Americas Watch, informó que las fuerzas de Estados Unidos habían violado la Convención de Ginebra al no reducir los daños contra la población civil. Una investigación de Médicos pro Derechos Humanos (Physicians for Human Rights) encontró que habían muerto por lo menos 300 civiles en la invasión y que 3.000 panameños había sido heridos y habían adquirido una discapacidad.

La Guerra del Golfo Pérsico dejó a miles de veteranos con una variedad de enfermedades comúnmente conocidas como “Síndrome de la Guerra del Golfo” (Gulf War Syndrome). Hasta el final de 1999, 184.000 del total de 697.000 soldados que participaron en este conflicto, han presentado demandas por discapacidad ante el Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos, de las cuales 136.000 tuvieron éxito. La Administración de Veteranos ha reconocido que los veteranos de la Guerra del Golfo, presentan síntomas de enfermedad crónica: fatiga y problemas neurocognoscitivos y músculo-esqueléticos. El Pentágono reconoció que 100.000 soldados fueron expuestos a bajos niveles de gas nervioso.

En los conflictos armados de los años recientes, no sólo los niños han sido víctimas intencionales sino también han sido los blancos deliberados de la violencia. El número de niñas y niños directamente afectados es enorme. Millones de niñas y niños han sido asesinados, han adquirido discapacidad, han perdido sus padres, han sido explotados sexualmente y abusados, secuestrados y reclutados como soldados. También hay niñas y niños desarraigados de sus comunidades, separados de sus familias y puestos en riesgo de enfermedad y desnutrición.

Mientras todo esto sucede, la televisión va pasando las imágenes perturbadoras de niñas y niños lastimados y lesionados en Baghdad. Se trata de niñas y niños atrapados en la guerra, por tercera vez en 20 años.

Casi la mitad de la población de Iraq es menor de 18 años. Aún antes de iniciarse el conflicto, ya habían muchas niñas y niños en estado de vulnerabilidad por la enfermedad y la desnutrición. De hecho uno de cada cinco niños tiene desnutrición crónica, uno de cada ocho muere antes de cumplir cinco años de edad. El tratar de “alimentarlo forzadamente” con un cambio de régimen no apagará sus necesidades.

Las niñas y niños de Rwanda todavía sufren las devastadoras consecuencias del genocidio de 1994 y la guerra de antes y después, que sólo les dejaron muerte, lesiones y dolor. Muchos de estas niñas y niños fueron afectados hace 9 años, cientos de miles, fueron asesinados o quedaron afectados física y psicológicamente.

Los recuerdos de la guerra pueden ser recuerdos letales para los niños: piensen en las minas antipersonales, los cartuchos vacíos, los edificios con balas en las paredes, la destrucción masiva, las manchas de sangre y el dolor, los recuerdos indelebles de la guerra.

Hay otras razones el sentimiento de cinismo acerca del impacto democrático de esta guerra, particularmente ahora que sabemos que se han acordado contratos de petróleo y otros contratos de reconstrucción por parte de la Administración Bush. Ahora Irak está para hacer negocios. Entiendo que dejen mucho que desear los planes para Irak. Este poder hegemónico ya está distribuyendo recursos y no podemos guardar silencio respecto al principal componente de la democracia: la participación de la gente. Estoy segura que podemos fortalecer la democracia sin lesionar los derechos humanos o fomentar la guerra.

Algún día, cuando termine la guerra, cuando dejemos de leer sus noticias de los periódicos, escucharemos la palabra “crisis” en la seguridad social, en los servicios de atención de la salud. Pronto escucharemos acerca de los recortes de los presupuestos de las personas con discapacidad. En la guerra y en la post guerra todos somos víctimas.

graphic of printer formato para imprimir

Volver al índice en español - Go back to English


Envíe este artículo a un amigo!