Disability World
Una revista electrónica, bi-mensual, sobre noticias y opiniones internacionales relacionadas al tema de la discapacidad Volumen No. 23 Abril-Mayo 2004


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Desarrollando un empresariado entre mujeres con discapacidad

Reseña por Corbett Joan O'Toole (corbetto@earthlink.net)

Hacer negocios en Addis Abeba: Estudios caso de mujeres empresarias con discapacidad en Etiopía” por la Federación Etíope de Personas con Discapacidad y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Publicado por la OIT (2003)

Disponible en las oficinas locales de OIT o directamente en ILO Publications, Oficina Internacional del Trabajo, CH-1211, Ginebra 22, Suiza. Catálogos o listados de nuevas publicaciones disponibles, libres de cargo en la dirección antes mencionada o el correo electrónico pubvente@ilo.org , o el sitio web www.ilo.org/publns .

¿Sabía usted que muchas mujeres trabajadoras etíopes con discapacidad también han sido contrabandistas? ¿O que las leprosas son las más pobres de las microempresarias de Addis Abeba? ¿O que dar masajes es una habilidad laboral altamente valorada?

En 2001 la Organización Internacional del Trabajo, en conjunto con la Federación Etíope de Personas con Discapacidad (EFDP) y la Asociación de Veteranos Discapacitados de Tigray (TDVA), iniciaron un proyecto para “promover el empoderamiento económico entre mujeres con discapacidad y mujeres de quienes dependen personas discapacitadas, mediante capacitación en habilidades micro-empresariales, consiguiéndoles acceso a capacitación de habilidades vocacionales y crédito económico y apoyo para empezar negocios o desarrollar los que ya tuvieran.”

Antes empezaron a desarrollar un currículum. Querían evaluar el estado en que se encontraban las microempresas de mujeres con discapacidad. La EFDP y la TDVA buscaron historias de mujeres discapacitadas que ya tuvieran microempresas funcionando. El folleto resultante: “Hacer negocios en Addis Abeba: Estudios caso de mujeres empresarias con discapacidad en Etiopía ”, representa una imagen fascinante y completa de los desafíos y éxitos de las mujeres con discapacidad en el área urbana (Addis Abeba) y rural (Región de Tigray).

El folleto se divide en seis secciones, cada una dedicada a “mujeres con impedimentos visuales, mujeres con impedimentos auditivos, mujeres con impedimentos de movilidad, mujeres con lepra y madres de niños con discapacidades de aprendizaje.” En cada sección hay un breve resumen introductorio seguido por cinco estudios de casos.

Aunque casi todas las mujeres eran pobres y luchaban por mantenerse económicamente, todas lograron independizarse con éxito de otros miembros de la familia para convertirse en la mayoría de casos en el principal apoyo financiero para sus familias extendidas. Muchas de las mujeres del libro no pudieron asistir a la escuela o quedarse en casa y muchas eran analfabetas. Sin embargo las mujeres perfiladas eran industriosas, pacientes y se enorgullecían con justicia de su trabajo y su habilidad de apoyar a otros miembros de la familia. Es interesante que los editores hayan escogido encabezar cada capítulo con la mujer más exitosa económicamente de todas las perfiladas.

En el capítulo de mujeres con impedimentos visuales, todas las mujeres eran muy mayores para estándares etíopes. Tenían más de 40 años, en un país donde la expectativa de vida para las mujeres es de 45 años. Muchas habían trabajado previamente (en su hogar o fuera de él) antes de dedicarse a sus actuales empleos independientes. Ninguna de las mujeres ciegas tenían auxiliares o capacitación de movilidad, lo que limitaba sus opciones.

Ayinnaddis Wondimneh

La historia de Ayinaddis Wondimneh es de éxito pero estructuralmente típica. Ella creció en el campo. “Me consideraban una buena para nada así que decidí dejar atrás todas las cosas de este mundo y volverme monja.” Pero en camino a Addis Abeba se encontró a un contrabandista y empezó su carrera en el contrabando. Contrabandeaba ropa de segunda mano de Addis Abeba a Harar y allí llevaba berbere (especia picante) y teff (un tipo de grano) de vuelta. Cambiaba su pago, en dólares de plata con los cambistas de plata en Gore, cerca de la frontera con Sudán, donde la tasa de cambio era mayor.

Ahorró la mitad de sus ganancias de cada trabajo y eventualmente montó una tienda de alimentos y tela (cerveza etíope de cebada) en su vecindario. También empezó a ofrecer masajes, que su abuelo le había enseñado a dar para complementar sus ingresos. Hace diez años empezó a enfocarse en los masajes y le cobra a la gente lo que puedan pagar. Su promedio es de 20 clientes diarios, con lo que mantiene una familia de 8 personas y gana 700 birr (alrededor de US $80) mensuales.

Tiruwork Hussen

Cuando sus padres murieron, Tiruwork fue enviada a vivir en el hogar de niños Ziway. Era la única estudiante sorda del lugar, y aunque vivió allí de los 5 a los 10 años, para ella fue muy duro pues nadie podía comunicarse con ella.

Tras dejar la escuela, Tiruwork empezó a pintar y a fabricar figuritas usando moldes de arcilla. Se capacitó un año para pintar las figuritas y empezó su propio negocio con ellas. Puede fabricar hasta 25 figuritas diarias.

Como muchas mujeres sordas, Tiruwork trabaja en el campo de las artes. Otras mujeres sordas trenzan cabello, hacen cafeteras de barro o son modistas. Como grupo son las más integradas a la sociedad entre todas las mujeres discapacitadas entrevistadas.

Tiruwork trabaja desde que amanece hasta que se pone el sol cinco días a la semana y estudia pintura en su tiempo libre. Los domingos toma clases de religión. Vende su trabajo en los bazares locales y sus amigos limpiabotas se llevan su trabajo con ellos para venderlo. Gana 300 birr (alrededor de US $ 30) mensuales. Como fue criada en instituciones y actualmente vive en una, no tiene familia qué mantener. “Mi trabajo me da el dinero que necesito para mejorar mis habilidades y comprar ropa y materia prima. No necesito apoyo de los demás.”

Ayelu Basha Bedasa

Ayelu es una mujer muy poco común. Aún no cumple 20 años, dirige una empresa de tejidos (lo que suele ser trabajo de hombre) y emplea a cuatro tejedores. Montó su empresa gracias a la capacitación que recibió de la Fundación Cheshire, ahorrando un porcentaje del dinero que ganó como aprendiz y luego pidiendo un préstamo a la Fundación.

Discapacitada por una caída que sufrió en su infancia, Ayelu se mudó del área rural de Selale donde vivía a Addis Abeba para vivir con una tía. No asistió a la escuela y en su adolescencia se empleó como sirvienta ganando entre 25 y 50 birr mensuales.

Cuando vio el programa de capacitación vocacional, optó por el tejido. Su historia refleja su dedicación y la fuerza de su espíritu.

“En Etiopía, la mayoría de mujeres no se atreverían a pensar en ser tejedoras, mucho menos hacerlo en realidad porque es trabajo de hombres. Además de eso, la mayoría de tejedores ganan lo suficiente apenas para una existencia frugal. Pero, ¿Qué otra capacitación podía yo recibir? En ese entonces yo era analfabeta y sentía que de todos los tipos de capacitación vocacional a mi alcance en ese entonces, el tejido sería el más fácil. Sabía que otras personas se ganaban la vida así. Nunca imaginé que tejer pudiera hacerme ganar buen dinero, enorgullecerme y darme tanta confianza en mi misma, lo cual además me hace feliz. Me da paz.”

Al concluir su capacitación había ahorrado 300 birr. Sacó un préstamo de200 birr y empezó su propio negocio de hilandería. Logró pagar su préstamo y lleva dos años de ser completamente autosuficiente.

Ayelu vende sus chales a cuadros de tres colores a los vendedores del mercado principal y compra la materia prima de la siguiente semana. Como muchas otras mujeres con microempresas, no puede comprar grandes cantidades de material porque no tiene donde almacenarlo.

Se enfoca principalmente en la calidad de sus chales y ha construido un negocio exitoso. Espera sacar otro préstamo y expandirse.

Envía la mayoría del dinero que gana a su familia en Selale, con lo que mantiene a sus padres y seis hermanos. Se inscribió en la escuela nocturna y actualmente está en tercer grado.

Ageritu Ayalew

Como muchas mujeres con lepra, Ageritu no se ha casado. Su familia la casó a los 13 años pero cuando contrajo lepra pocos años después, la familia de su esposo arregló un divorcio que ella no quería.

La lepra es una enfermedad que se puede curar con un tratamiento basado en múltiples drogas. Pero muchos etíopes prefieren creer en los mitos que culpan de la enfermedad a los “malos espíritus” y la mayoría de gente con lepra no recibe educación, con lo que su única opción laboral es la mendicidad.

Ageritu acudió al Hospital y Centro de Investigación y Capacitación Toda África (ALERT) en Adis Abeba, en busca de tratamiento. Aunque le recetaron medicinas para su lepra, no pudo conseguirlas porque la farmacia rural del lugar donde vivía, no las tenía. Eventualmente se vio obligada a regresar a Addis Abeba.

Al principio empezó a trabajar como niñera de la familia de una enfermera. A la niñera le preocupaba mucho que Ageritu contagiara su lepra a sus hijos. “Me decía que no tocara a los niños con las manos y que nunca me los pusiera sobre los hombros ni los acercara a mi cuello.” Cuenta Ageritu. “Yo siempre hice lo que se me decía pero me sentía muy lastimada. Lloraba todo el tiempo.”

Ageritu dejó ese trabajo luego de que le empezaran a doler las manos por tener que lavar ropa, lo que era parte de sus obligaciones. Luego empezó a trabajar acarreando piedras. Por último, desesperada ante la idea de tener que mendigar, consiguió teff (grano) y trigo a crédito y empezó a hacer injera, que es un producto de la canasta básica etíope, hecho de todas las harinas del país. Consiste en un pan esponjoso y levemente agrio que sirve tanto como de “plato” como de “utensilio”. Un trozo grande y redondo de injera cubre el puesto de la mesa. La comida se coloca sobre el trozo. Otras piezas más pequeñas del pan se usa para tomar la comida. Al terminar, la injera redonda se come. Hacer injera es la segunda actividad comercial más común de las mujeres después del comercio.

Ageru, que hoy tiene 32 años, dirige un exitoso negocio de injera, carbón y yesca. Su éxito le ha permitido comprar una ternera que usa para obtener leche y otros terneros.

Mulumebet Eshete

Mulumebet nació en el área rural de Etiopía pero la enviaron a vivir con su tía en Addis Abeba. Su pariente necesitaba una sirvienta y como la familia de Mulumebet era pobre, no tuvieron opción. Alternando su trabajo y la escuela nocturna, eventualmente Mulumebet logró terminar la secundaria.

Su hija, Yanet, nació con discapacidad de aprendizaje, aunque esta no se le diagnosticó sino hasta la escuela primaria. Trató de ponerla en la escuela pero allí no pudieron educarla así que ella misma empezó a educar a su hija en casa.

Mulumebet renunció a su trabajo después de diez años y empezó a bordar cubrecamas a mano, ya que carecía de una máquina de coser. Yanet hizo grandes progresos gracias a la atención educativa de su madre. “Hubo un tiempo en que Yanet no podía mantenerse limpia o jugar sin ayuda de otros”, recuerda Malumebet. “Hoy tiene 13 años. Asiste a la escuela con otros niños de su edad. ¡Sigo sus progresos minuciosamente!”

Como otras madres de niños con discapacidades de aprendizaje, Mulumebet tiene oportunidades limitadas ya que debe quedarse en casa, a disposición de su hija. Las madres también son las menos propensas a estar satisfechas con su trabajo y la mayoría ve su vida como algo difícil.

Sumario

Desde entonces, la Organización Internacional de Trabajo (OIT), la Federación Etíope de Personas con Discapacidad y la Asociación de Veteranos Discapacitados de Tigray han “realizado cursos de capacitación de habilidades comerciales para 400 mujeres discapacitadas. Se han realizado estudios de mercado para proveer información sobre productos innovadores y servicios que los capacitadores puedan considerar a la hora de desarrollar sus pequeños planes de negocios; accesos al micro-crédito; apoyo de seguimiento en las primeras fases de establecimiento de los negocios de las mujeres y capacitación en mercadeo a través de ferias de comercio.” Hay otras publicaciones al respecto disponibles en OIT.

Para información sobre el Proyecto de Cooperación Técnica de OIT, contactar: ILO Disability Programme, Skills Develoment Department (IFP/Skills), International Labour Organization (ILO), 4, Route des Morillons, Geneva, Switzerland. Tel: +41 22 799 8276. Fax: +41 22 799 6310. Email: Disability@ilo.org

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