Disability World
Una revista electrónica, bi-mensual, sobre noticias y opiniones internacionales relacionadas al tema de la discapacidad Volumen No. 19 Junio-Agosto 2003


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Tocando un celacanto

Por William Rowland

Yo no lo llamaría un pasatiempo, a este hábito de desear tocar las cosas fuera de mi alcance. Más es una de las necesidades que tengo como persona que es ciega, para saber como en realidad son las cosas.

Es una necesidad que me ha puesto en contacto con artefactos de la antigüedad y una variedad de obras de arte, y cosas vivas también como el welwitschia el chita.

Pero todavía me quedaban algunos misterios, hasta que tuve un almuerzo con Pam Paton de Grahamstown, desde hace tiempo ciudadana de ciudadanos en la ciudad. ¿Creía ella que era posible? ¿Lo permitirían? ¿Con quién consultar?

Entonces llegué a lo que prefiero llamar el Instituto de Icteología (Ichthyological Institute), que tiene un nombre más largo y técnico, con el celacanto frente a mí. Este pez fue sacado de su tanque de propanol, especialmente para mí visita. Ocasión para la cual, el profesor Paul Skelton me había preparado la información más curiosa.

¿Cómo se hizo todo esto? Uno siempre se siente solemne en estas ocasiones,   luego se hace...

Comenzando por mi lado izquierdo, tocando la boca, el orificio del primer ojo, la curva prolongada del cuerpo escamoso y fui llegando a la cola con forma de abanico. Luego, las aletas que usa el celacanto para caminar   o ir dando vueltas por el agua.

 
Uno tiene que tener mucho cuidado cuando toca especies raras y preciosas. Quizá usted sólo tenga una oportunidad de hacerlo. No se puede comportar como un intruso cada vez que tiene un capricho.

Al permitirme tocar este animal, también se me dio una oportunidad para que mi memoria registrara, indeleblemente, la forma y la textura y la maravilla de comunicarme, con el tacto, con 400 millones de evolución rescatada. Creo que se trató de algo cercano a un privilegio sagrado.

Palabras poco usuales
Celacanto : un pez, de agua salada, largo y huesudo. Tiene una cola de tres lóbulos y aletas pectorales. Este pez sólo se le había conocido como fósil, hasta que se encontró uno vivo en Sudáfrica en 1938.

Welwitschia : Una planta gimnosperma, welwitschia mirabilis sólo se encuentra en el desierto de Namibia. Su tallo muy corto sostiene dos hojas cubiertas de cera, que miden un metro de largo. Las plantas originales pueden vivir más de cien años.

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