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Irlanda en la Convención Internacional de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad- La necesidad de restaurar la dirigencia perdida
Por Gerard Quinn
Recientemente el diario The Irish Times informó en su edición del lunes 7 de abril que el Departamento de Justicia se opone a la participación irlandesa en la preparación de una convención internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad y está impidiendo el surgimiento de una posición unificada y fuerte por parte de la Unión Europea. En la edición del 10 de abril de este periódico parece que se está cediendo a esta oposición y, en su columna de ayer (14 de abril), Fintan O´Tool cuestiona la autoridad moral y la sabiduría política detrás de esta oposición. Se espera que la audiencia formal sobre la convención internacional se celebrará en el Sub Comité sobre los Derechos Humanos del Comité Mixto de Asuntos Exteriores en la Oireachtas, el 24 de abril a las 10 am. Sin duda alguna, la oposición al proceso preparatorio de esta convención internacional, no solo sería una vergüenza para Irlanda sino que una tragedia para el mundo en desarrollo. En gran parte porque Irlanda es uno de los países que con más fuerza ha promovido, por lo menos hasta ahora, esta convención. Hay más de 600 millones de personas con discapacidad en el mundo. Por los menos 500 millones de ellas viven con muchas dificultades en los países en desarrollo. Si a la Unión Europea se le impide presentar una posición firme y en bloque, existe la posibilidad de que las negociaciones colapsen este verano, estando en camino las Olimpiadas Especiales. A esta fecha, parece que Irlanda es el único de los 15 países miembros que está atrasando la posición firme y afirmativa de la Unión Europea. Pensamos que Irlanda no sólo debe dejar que el proceso de preparación de la convención internacional, sino que debe recobrar su posición de liderazgo. ¿De dónde viene la intransigencia? ¿Será esta la última moda de los liberales? Realmente el debate acerca de la convención no es nuevo. Desde 1987 un grupo de alto nivel le había aconsejado a la Organización de Naciones Unidas que existía la necesidad de preparar una convención temática sobre los derechos humanos en el campo de la discapacidad. Esas convenciones usualmente no se preparan porque aparecen derechos humanos nuevos. Cuando se preparan y aprueban es porque hay un consenso entre los Estados respecto a que los dos tratados generales sobre derechos humanos en el sistema de Naciones Unidas (el Pacto Internacional sobre los Derechos Civiles y Políticos, PIDCP y el Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales) no son suficientes para cubrir todos los temas significativos para los grupos vulnerables. En la actualidad, hay tres convenciones temáticas en derechos humanos que consideran la situación de grupos particulares: las mujeres, Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDCM); los niños, Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) y minorías raciales, Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial (CEDR). Irlanda ha ratificados todos estos tratados internacionales. Una nueva convención internacional en materia de discapacidad sería el cuarto de estos instrumentos temáticos. La realidad es que las convenciones temáticas no han generado ningún derecho nuevo. Lo que sí han logrado es refinar las obligaciones que ya tienen los Estados signatarios de los convenios internacionales sobre derechos humanos. Un buen ejemplo de lo anterior y de hecho un buen ejemplo para la convención internacional en materia de discapacidad, lo encontramos en la Convención sobre la Eliminación de la Discriminación contra las Mujeres. En ese instrumento se introduce una perspectiva más clara acerca del principio de no discriminar, en relación con los derechos civiles y políticos y los derechos económicos, sociales y culturales, dentro del contexto específico de las mujeres. La historia más reciente del debate acerca de si debe prepararse un a convención internacional se remonta al año 2000 cuando, para su gran crédito, fue Irlanda el país que propuso, en una resolución presentada a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en el sentido de que la ONU, por lo menos, debería comenzar a considerar seriamente la adopción de dicho tratado temático en el área de la discapacidad. En ese momento, año 2000, esa resolución de Irlanda fue bloqueada, irónicamente, por algunos países miembros de la Unión Europea, que hoy defienden el proceso hacia la convención internacional. Debido a esa oposición, Irlanda eliminó el párrafo correspondiente, pero se comprometió a volver a examinar el tema, en el año 2002, durante la reunión de primavera de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Se decidió que se necesitaba más investigación para lograr una iniciativa política fresca. Pero, antes de que los resultados de esa investigación se publicaran, en Ginebra, en el mes de febrero del año 2002, el gobierno de México (y le reconocemos su gran mérito) logró que la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas iniciara el proceso para la convención internacional. Como resultado, se nombró a un Comité Ad Hoc que se reunió, por primera vez, en el verano del 2002 en Nueva York y que se reunirá por segunda vez en junio del 2003. La primera sesión del Comité Ad Hoc para la Convención Internacional de Naciones Unidas logró grandes progresos en materia de procedimientos. Los Estados deben incluir a personas con discapacidad como miembros de sus delegaciones oficiales, incluso las organizaciones no gubernamentales acreditadas pueden participar, hasta las que están en Kinvara . Las Comisiones de Derechos Humanos, incluyendo la Comisión Irlandesa de Derechos Humanos fue invitada a participar. Esperamos que todas estas agencias participen en la reunión de junio de 2003. Sin embargo, la primera reunión del Comité Ad Hoc para la Convención Internacional resultó ser dolorosa e inconclusa, porque no se definió el punto principal: decidir si los Estados Miembros podían comenzar con el proceso formal de redacción de una convención internacional. Claramente, la segunda sesión será para seguir o descontinuar el proceso. Creemos que la intransigencia se inspira más en lo ideológico que en lo racional. Los principales temores se relacionan con la posibilidad de que una convención vinculante puede obligar a que los Estados cumplan con derechos sociales y económicos. Sin embargo, puede que un nuevo tratado temático no debe agregar más al derecho internacional en este punto. Otros se preguntan si ¿Será que el sistema del derecho internacional ya no es suficiente para atender las demandas de los derechos humanos? De ser así, lo lógico sería no limitarse a destruir el proceso de la convención sino comenzar a retirarnos de instrumentos como el Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, así como de la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre Eliminación de la Discriminación contra las Mujeres, porque en estos instrumentos internacionales también se expanden los derechos sociales y económicos. Debemos tener presente que las razones para no respaldar la convención internacional, podría usarse para retirarnos de la Convención Europea sobre Derechos Humanos. Recuerden que la Corte Europea, en Estrasburgo, estableció repetidamente que algunos de los derechos protegidos pueden generar obligaciones de acción positiva para los Estados Miembros. El caso más famoso fue Airy versus Irlanda. La idea de retirarnos de la Convención Europea es políticamente absurda. Esperamos que prevalezca el sentido político completo por encima de la ideología. El Informe Blanco del Gobierno sobre la Política Exterior (1996) indica: "Para Irlanda, el compromiso con los derechos humanos siempre ha sido una parte vital de nuestra expresión de solidaridad con el mundo en desarrollo."
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