Disability World
Una revista electrónica, bi-mensual, sobre noticias y opiniones internacionales relacionadas al tema de la discapacidad Volumen No. 15 Septiembre-Octubre 2002


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Torturadores no desalientan la lucha de activista con discapacidad en Argentina
Por María Verónica Reina, IDD (mave1@arnet.com.ar)

El último viernes de agosto del 2002, alrededor de tres mil personas participaron de un acto de protesta en Plaza San Martín, Rosario, Argentina, reclamando "que se vayan todos". La única oradora fue una mujer en silla de ruedas de apariencia frágil, pero con una fortaleza cautivadora. Su nombre: Susana Abalo.

Con voz vibrante expresó consignas consensuadas por organizaciones de derechos humanos, sindicatos y asambleas barriales, que cansados de la corrupción política y económica de la Argentina, actualmente bregan por la renovación de todos los cuadros de dirigencia.

"Los responsables del hambre y la entrega quieren quedarse todos y que el pueblo acepte que se vaya uno solo siempre y cuando puedan poner ellos el que venga", señaló.

No dudó en afirmar que "los que llevaron a la pobreza a 54 de cada 100 argentinos, [son] los que causaron que 70 de cada 100 niños sufran hambre y no tengan asegurada la educación, la salud". Habló de las principales figuras del poder ejecutivo y manifestó que "los responsables del robo a los ahorristas, los que llevaron a la quiebra al aparato productivo [son] los que han empujado a millones de argentinos a la desesperación mientras llenan el país de bandas asociadas a sus policías y punteros, convirtiendo al país en un estado mafioso"ƒ "Debemos construir la patria que soñamos", sostuvo, y concluyó: "Que se vayan todos para que decida y gobierne el pueblo".

Pero, ¿Quién es esta mujer que desafiaba, sin temor aparente, al poder establecido, dando nombre y apellido a los males argentinos?

Una mujer fuerte
Conocí a Susana hace pocos días, en una reunión de desagravio en una humilde capilla que la tuvo por protagonista. El 21 de agosto, Susana, que tiene una esclerosis múltiple avanzada, sufrió un brutal ataque cuando estaba sola en su propia casa. Un hombre y una mujer, a quienes Susana no vio el rostro, entraron armados con un revólver y un arma blanca. Cubrieron de ropa de cama el suelo del dormitorio, la desnudaron y echaron al piso comenzando una sesión de torturas físicas, que incluyeron abusos sexuales y que la dejaron inconsciente varias veces. Además le hicieron todo tipo de amenazas verbales. Los atacantes parecían profesionales, usaron guantes quirúrgicos y arremangaron su ropa para no mancharse con la sangre de la víctima.

Unas semanas antes del ataque Susana había recibido amenazas de muerte por teléfono, increpándola a dejar su trabajo en Villa Banana. Villa Banana es un barrio pobre (villa miseria) de Rosario, y allí Susana, que pertenece a la organización cristiana progresista "Mensajeros de Jesús" realiza actividades comunitarias dentro del marco del Proyecto "Comunidades Justas y Seguras" el cual tiene el apoyo de los gobiernos municipal y provincial y del Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, en sociedad con instituciones canadienses. Precisamente y de manera simultánea, Enrique Font, coordinador de dicho centro universitario y otro militante cristiano que colabora en Villa Banana, fueron también amenazados telefónicamente, invocando los mismos motivos. Todo indica, entonces, que no se trata de delincuentes comunes sino de fuerzas oscuras, resabio de la última dictadura en Argentina.

Los antecedentes del terror
Torturar a personas que piensan distinto o ponen en peligro el "establishment" no es nuevo en Argentina. Desapariciones, asesinatos, encarcelamientos ilegales y torturas han sido herramientas usuales en varios períodos de turbulencia política, pero fue durante el llamado "Proceso de Reorganización Nacional", gobierno de facto que asumió el poder tras el derrocamiento de Isabel Perón en 1976, cuando aquéllas compusieron un sistema sistemático de aniquilación.

Se calcula que 30.000 personas fueron secuestradas por las fuerzas de seguridad de manera clandestina entre 1975 y 1982, cuyo destino hoy en día se desconoce a ciencia cierta. Una de las modalidades de asalto era la llamada en el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas como "Torturas en el domicilio de la víctima", similar al caso actual de Susana.

Otra característica que señala el mismo informe es su apartado "D. La represión no respeto inválidos ni lisiados" es el uso de secuestro, torturas y desapariciones contra personas con discapacidades.

En la ciudad de Rosario, se dio un burdo caso del secuestro y desaparición, en septiembre de 1977, del matrimonio de ciegos formado por María Esther Ravelo Vega (Legajo NÁ 3223) y Emilio Etelvino Vega (Legajo NÁ 4372), a los que secuestraron junto con su perro lazarillo y, además y simultáneamente, robaron todas sus pertenencias, incluyendo muebles y maquinarias de su fábrica de soda. María Ester y Etelvino, entre otros discapacitados víctimas de la represión de estado en Argentina, nunca aparecieron con vida o sin ella.

Poder más que el miedo
Aquel día del acto de repudio, el que se hizo en la Capilla San Francisquito, cercana a la zona donde Susana trabaja por un mundo mejor, muchas personas se acercaron al lugar.

Fue una reunión muy sencilla, en un ambiente pobre, pero lleno de emoción, representantes de las comunidades y personas comunes, pasaron al frente y expresaron su indignación, su solidaridad y su esperanza.

Varias veces se nos hizo un nudo en la garganta, pero estallamos en llanto cuando Susana, con el rostro marcado por los golpes recibidos, tomó la palabra y dijo más o menos así " Todos me dicen 'qué valiente es usted' pero quiero decirles algo: tuve miedo, tuve mucho miedo. Estaba tan asustada que no pude mover ni esta mano [señalando la que conserva mayor movimiento]. Todos los que me han visto en los cortes [de ruta] me hubieran desconocido"ƒ "Supongo que me eligieron para pegarme por cobardía, porque no puedo ni defenderme" pero "vengo a refugiarme en la valentía de todos los que trabajan y pelean por una vida más digna."

Y seguramente así será la vida en nuestro país si pese a nuestras grandes dificultades los argentinos imitamos los valores que Susana Abalo encarna.
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