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Volver al índice en español - Go back to English Paja de Alto Nivel para la Discapacidad del Tercer Mundo Por M. Miles (M99miles@hotmail.com) Los gobiernos modernos se mantienen generalmente a base de hablar paja salpicada por uno que otro pensamiento de un tribunal aventurero que puede un día asentir que algo de esta paja se convierta en una premisa legal. En el caso de la paja de alto nivel sobre "Discapacidad, pobreza y desarrollo" (Disability, Poverty and Development) el título de una ponencia de DFID )Ministerio para el Desarrollo Internacional) de Gran Bretaña disponible en http://www.dfid.gov.uk/public/what/pdf/disability.pdf), hay realmente pocas posibilidades que los pobres de los países en desarrollo puedan tener acceso a este documento, leerlo, entender cualquier cosa concreta en él o llamar a alguien para darle un resumen dentro de los diez próximos años. ¿Tabla para saltar al mar o Bote? (la palabra "plank", en el título, significa tanto plancha como programa, [Ed.]) El DFID es la rama del gobierno británico responsable por la "promoción del desarrollo y la reducción de la pobreza". Uno de estos programas centrales dentro de la política para el desarrollo es la meta tanto valiosa como improbable para lograr "cortar a la mitad la proporción de personas que viven en la pobreza en el año 2015" en conjunto con metas asociadas para la entrega de educación primaria y servicios médicos. A fines de abordar el bote de rescate del DFID, la discapacidad debe caber dentro de la "pobreza"; y por eso el documento comienza con "La discapacidad es tanto causa como consecuencia de la pobreza" (p.1), una verdad a medias. Seguidamente, los autores se refieren brevemente a las cifras expresando que "Según las cifras de las Naciones Unidas, una de cada veinte personas tiene una discapacidad" (p.1). La autoridad de las "Naciones Unidas" aquí se refiere a cifras de Prejudice and Dignity, 1992, UNDP, pp. 20-33, (Prejuicio y dignidad) de Einar Helander, donde "países en desarrollo" se refiere a estudios hechos en China (National Sampling Surveys of the Handicapped,1987) y Mali (Censo de la población, 1976). Estas cifras ya tienen un cuarto de siglo y los métodos de censo son aún más viejos, las definiciones de "discapacitado" también son antiguas y, quizás inteligentemente, se las omitió del escrito. En el mismo libro, Helander se hace responsable de haber hecho estimados mundiales adivinados sobre la prevalencia de la discapacidad que muchos recordarán fácilmente la muy citada "Uno entre diez" publicado por la OMS en 1976. Con algo de más cautela, en 1992 Helanger sugiere una prevalencia de 77 por mil de "discapacidad moderada y grave en las regiones más desarrolladas" y un 45 por mil para aquellos niveles de discapacidad en "regiones menos desarrolladas" (Prejudice and Dignity, p. 24). La información se puede entender en términos de estructuras de edad de población verticales en vez de piramidales; pero el documento de DFID ignora la comparación regional. La sugerencia que puede haber bastante más discapacidad en países ricos que en países pobres sería un mensaje claro en un informe que exige que la discapacidad esté ligada con la "pobreza". (No señora. Su consulta sobre si los datos o la sugerencia tienen base de apoyo no es admisible en el mundo de la paja"). Sin Prejuicio El documento de DFID nació tras un amplio período de consultas con algunas ONG británicas de desarrollo y de discapacidad y la procesaron empleados fiscales sin prejuicio dada su experiencia práctica con la población discapacitada de países en desarrollo. La vigorosa polémica entre los varios grupos consultados nació de la tendencia de las ONG de desarrollo de defender prácticas y políticas con capacidad marginal de implementación por las que han luchado con éxitos modestos en Inglaterra y que piensan que se deben implementar en el mundo sin tomar en cuenta las diferencias históricas, culturales y socioeconómicas entre las naciones del mundo. El resultado del documento de DFID es una jerga convencional que nace en la década pasada con las campañas de la discapacidad en una docena de países más ricos de Europa y Norteamérica y que se repite dentro de las 15 páginas con algo como dichos de referencias parciales, afirmaciones sin evidencia, refranes y los pensamientos condescendientes indicados en la primera página. La idea que "si es lo correcto para la discapacidad en los países ricos, no se puede ofrecer nada menos al Tercer Mundo" sugiere un corte generoso a pesar de ser paternalista porque estas ideas parecen reproducir nada más que una paja euro-norteamericana hacia las capitales del Tercer Mundo, proceso conocido como "ventriloquismo asistencial", al que acompaña una capa de maquillaje de servicios para las clases medias urbanas. A principios de la década de 1980, Norman Acton previno contra al "efecto de magnetismo social" en la asistencia a la discapacidad, donde las bien intencionadas clases medias euro-norteamericanas tienden hacia sus contrapartidas naturales, las clases medias anglo parlantes de buena posición económica de los países en desarrollo. Casi no hay evidencia que se ha tomado en cuenta esta prevención. Con algo de Nostalgia Los viejos favoritos de fines de la década de 1980 y principios del 90 otra vez son favoritos dentro del documento de DFID y sus autores los ofrecen felizmente para alejarse de los sentimientos de duda y oposición en casa. De ahí, el "modelo social", la "rehabilitación basada en la comunidad", la "inclusión" y la discapacidad como "derecho", ninguno de los cuales aparentemente entienden los escritores de DFID pero que de todas formas reproducen de una serie de manuscritos de conferencias. Ponencias sin referencias y la paja normal de la ONU anotadas en los pies de página. DFID aparentemente sigue sin convencerse que se puede explicar "discapacidad" basándose en un ambiente que discapacita y en una sociedad que discrimina, pero al encontrarse bajo la presión de los supervisores del modelo social, se ofrece una definición que impone la idea de "incapacidad con consecuencias sociales adversas". La historia reciente reinterpretada Lo fascinante es ver una pequeña historia recientemente modificada al ver que se presenta la RBC como "nacida del debate entre los llamados modelos médicos y sociales sobre la discapacidad" (p. 9). Hasta ahora, la versión que la OMS tiene de la RBC, la única versión someramente conocida por el público desde 1970 podría verse fácilmente documentada como tomando su título en préstamo del código penal estadounidense y naciendo del movimiento mundial hacia los servicios médicos primarios de las décadas de los años 60 y 70. En esa época, el proyecto británico de "modelo social de la discapacidad", el único que comprendieron los escritores de DFID, había sido propuesto recientemente y no había habido tiempo para someterlo a escrutinio público. De hecho, Lewis Dexter había comenzado a desarrollar una teoría social de la deficiencia mental a comienzos de los años 40, pero eso no hizo ningún impacto sobre la consciencia de los que propusieron los modelos sociales británicos en la década de los 70. Sin embargo, cualquier objeción al documento de DFID basada en los hechos realmente está equivocada. La ponencia es una paja de una artesanía impecable. No se debería criticar ninguna de sus partes como si fuese una contribución real o de conocimiento documentado. Se trata sobre el acceso de la discapacidad tercermundista a los dineros de los contribuyentes británicos. Si desean acceso, lo mejor es que sepan que la RBC surgió del debate del modelo médico social. Ese tipo de cosas es fácil de memorizar cuando se tiene la oportunidad de ganar un boleto para entrar a la lotería de la ayuda para el desarrollo. Los correctos, los equivocados y los románticos Una de las facetas curiosas del desarrollo del discurso sobre la discapacidad en la década del 90 fue la promoción simultánea de políticas antagónicas como la RBC y "basada en los derechos". En las áreas rurales de algunos países más débiles, las trabas de las tradiciones, la religión y la gerontocracia del villorrio siguen amarrando la comunidad tradicional donde se puede aún encontrar algún "espíritu comunal" (aunque es más difícil encontrarlo cuando el agua, la comida o el espacio comienza a faltar). Aún quedan comunidades de obligaciones mutuas basadas en redes de relaciones y funciones socializadas que rigen a todos. En tales comunidades casi no existen derechos individuales y casi todos pueden exigir algo de alguien. La comunidad tiene derechos sobre todos sus miembros. La retórica de RBC le llama la atención al romanticismo euro-estadounidense por ese "espíritu comunitario tradicional" (aunque atenuado en la práctica) donde la discapacidad encontraría apoyo e inclusión. Paralelamente, el proyecto internacional del movimiento de la discapacidad, dominado por una cúpula de personas que saltan de conferencia en conferencia, promueve la "discapacidad como un asunto de derechos", lo que se refleja en la página 5 del documento de DFID. Esta consigna nace de las sociedades pos-industriales urbanas e individualizantes donde el espíritu comunitario ha sido relegado a los parques de diversiones, las películas sentimentales y las reuniones de viejos que se juntan a discutir tal pérdida. Las dos posiciones, la "espíritu comunitario" y la "derechos", están casi diametralmente opuestas. Las agencias de desarrollo han podido de alguna manera unirlas, quizás porque el propósito de la consigna es librar a las personas de la necesidad de pensar sobre situaciones reales. De todas maneras, se podría argumentar que ambas consignas llaman la atención en sociedades en transición como si estuviesen paralizadas en el crucero entre la comunidad tradicional claustrofóbica y la posibilidad agorafóbica de la multitud moderna, urbana y solitaria. El movimiento de la discapacidad aprobará el énfasis que pone DFID sobre la consulta a la discapacidad, a pesar que esto también se beneficiaría de un pensamiento más claro. Si la intención de las políticas euro-estadounidesnses es beneficiar a las personas con discapacidades más pobres de Tanzania, Nepal o Vietnam, por ejemplo, ¿deberían ellas estar presionadas por británicos, suecos o canadienses con discapacidades que nunca se han pasado un día en Tanzania, Nepal o Vietnam y menos aún en las áreas rurales de esos países? Desilusión con Planesmaravilla Derechos, inclusión, modelos sociales, RBC, ¿dónde están ahora? En la última edición de Inclusion International Newsletter (No. 25, Ag.-Sept. 2000), el altamente especializado encargado sueco para las personas con discapacidades intelectuales, Victor Wahlstrom, expresó su desaliento ante el poco impacto que ha hecho la Regulación Normativa y otros sinsentidos parecidos. "Las Naciones Unidas son los campeones mundiales de los acuerdos sobre derechos humanos pero son ineficaces para implementarlos". Al mismo tiempo, Mel Ainscow, el infatigable promotor del paquete de información de la UNESCO para maestros sobre la inclusión "Necesidades especiales en la sala de clase" ha descubierto tardíamente que "La enseñanza académica está tan atada a las condiciones y culturas locales que la importación de prácticas extranjeras está llena de dificultades" (M. Ainscow, Understanding the Development of Inclusive Schools; Londres: Falmer, 1999, pp. 1-2.) Len Barton, el editor fundador de la revista británica Disability and Society, recientemente hizo un llamado para ponencias sobre "Más allá del modelo social" y "¿Hay resultados del modelo médico?" Einar Helander, principal proponente de la RBC recientemente hizo una crítica a 25 años de esfuerzos de RBC ante una base de "creciente incredulidad hacia las metanarrativas" y una siempre creciente cantidad de personas con discapacidades en los países en desarrollo. Concluye que "Para la mayoría de las personas con discapacidades, se puede esperar que la situación presente se empeore con los años. La mayoría se encuentra entre los más pobres de los pobres y lo seguirán siendo hasta que algo serio se haga. En nuestras manos tenemos un creciente problema moral, social, médico y económico de vastas proporciones. ¿Cuándo se acabará?" (Asia Pacific Disability Rehabilitation Journal 11 (1) p. 9.) Uno se puede preguntar dónde están los planes maravilla de la década de los 80 y 90. No teman, ¡Volverán! El sinsentido tiene el poder de generar nuevas alas lo mismo que un cerdo para volar nuevamente... ¿Queda alternativa alguna? ("No se mueva. Quédese ahí esperando por un amoroso, refrescante y vivificante plan maravilla creado a 4500 kilómetros de donde aprieta el zapato") En la reciente conferencia estadounidense "Estudios de la discapacidad: una perspectiva mundial" bien se pudiera haber esperado que se generara más porciones de esta paja de exportación para los países en desarrollo. La respuesta del panelista Gene Rodgers a la pregunta "¿Cuál es la función más apropiada del movimiento de la discapacidad estadounidense en el panorama internacional?" fue diametralmente opuesta. Rodgers cree que la función más apropiada sería la de "observador y estudiante". Para un norteamericano que se considera un "paraplégico C-5, paralizado desde los hombros abajo", esto podría entenderse como un deseo piadoso, pero Rodgers se ha dado el trabajo de ser tanto observador como estudiante a quien transportan a mano por áreas montañosas de Nepal dentro de un canasto de mimbre para que pueda ver las condiciones de vida rurales. Contrariamente a la experiencia de algunos turistas del subdesarrollo, la de Rodgers no resultó en la convicción que él tenía soluciones fáciles para los problemas a los que se enfrenta la discapacidad de Nepal. Por el contrario, él cree que los EE.UU. podría aprender de la capacidad para resolver problemas y la creatividad de la gente en países más débiles. ¿Ya han llegado a su tope la era de planes maravilla, instantáneos y faltos de datos, y políticas occidentales hacia la discapacidad mundial? En las áreas de política y educación se pide cada vez más que la planificación tenga bases más realistas, sean culturalmente apropiadas y tengan especificidad por país. ¿Será que el área de la discapacidad va por ese camino? Hace veinte años, el mito propagado expresaba que, en el tercer mundo, los "servicios" llegaban a menos del 2% de la discapacidad y que, para el 98% restante nada se hacía. Esto hacía ojos ciegos a que una cantidad considerable de niños y adultos siempre se han beneficiado parcialmente de la medicina, educación y servicios sociales disponibles en su localidad y del dato frecuentemente obviado que la mayoría también se beneficia del diario e impago trabajo de millones de madres, esposas, abuelas, hijas, tías y hasta de algunos parientes hombre o vecinos. Estos recursos "comunitarios poco espectaculares" más su propia energía, determinación y autosuficiencia han sido factores importantes en la vida diaria de una gran mayoría de personas con discapacidades, a pesar que generalmente queda fuera de los sinsentidos comunes que prefieren narrar la pobreza y la falta absoluta, además de "historias milagrosas" ocasionales de lisiados sobrenaturales que hacen el bien. Un estudio reciente de ESCAP, nuevamente sobre "discapacidad y pobreza" (se puede conseguir en http://www.unescap.org/decade/hydpovdisrpt.htm) cuenta con algunas perspectivas alternativas. La formularon algunos participantes del desarrollo rural más cercano a las realidades asiáticas: "La mayoría de las personas con discapacidades vive en áreas rurales y son pobres. A pesar de ello, algunos países de la región ESCAP los han excluido de los programas de alivio de la pobreza para las mayorías. Su exclusión se basa en las barreras de actitud y físicas. Existe la necesidad crítica de preguntarse por qué, en la práctica, las personas con discapacidad de las áreas rurales tienen acceso virtual a los programas de alivio de la pobreza para las mayorías... Lo que existe es una pobreza aguda de datos sobre la discapacidad." (p. 5)Estas dudas crean grandes controversias y ponen el dedo en la llaga sobre las complejidades y diversidad de las naciones asiáticas, que es donde la mayoría de la discapacidad vive. Por más de 3000 años se ha documentado las posiciones y funciones de la discapacidad en Asia del sur y del este y, durante este tiempo, ha existido una sorprendente gama de participación positiva y logros a pesar de un poderoso ambiente de actitudes adversas y prácticas que han limitado las vidas de muchos. Sería fácil resumir esta vasta herencia cultural en términos sin sentido. Lo cierto es que el informe de ESCAP no incluye referencias condescendientes sobre conscientizar entre la discapacidad y sus familias para "liberarlos de supersticiones" (p. 8), que es el tipo de programa que los poderes coloniales europeos eliminan tras un siglo de controlar violentamente las selvas y pisotear creencias casi incomprendidas. Sin embargo, las metas positivas de la conscientización propuesta son crear la confianza y amor propio de los grupos de la discapacidad conjuntamente con otros grupos de auto suficiencia entre los pobres del campo. Como propuesta de representantes de India, China, Camboya, Bangladesh y de otros reunidos en el Instituto de Desarrollo Rural en Hyderabad y con el compromiso de su propio seguimiento, es algo más auténtico que la paja de exportación nacida en los escritorios con aire acondicionado en Londres y Nueva York. Volver al índice en español - Go back to English |