Disability World
A bimonthly web-zine of international disability news and views, Issue no. 7 March-April 2001


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Noticias Internacionales:
REPORTES DE CONFERENCIA

Lo que hice en mis vacaciones

por Kathy Martínez (Kathy@wid.org)

A pesar de la opinión popular de los videntes, no todos los ciegos se conocen, ni tampoco conocemos todo sobre la cultura y costumbres sociales de la interacción con otros. Aunque yo nací ciega y tengo una hermana también ciega, he pasado la mayor parte de mi vida dentro de la sociedad normal. Fui a una escuela pública, la mayoría de mis amigos no son ciegos y, a pesar que trabajo en el área de la discapacidad, soy la única ciega en mi trabajo.

Como my trabajo necesita que viaje cantidades para estar presente en una cantidad de reuniones y convenciones, me sentí intrigada cuando muchos de mis amigos ciegos me empezaron a decir que fuera a una convención anual de ciegos y la llamara "vacaciones". Tras una larga discusión acerca de tomarme tiempo para que yo misma experimente lo que se siente cuando no se es minoría, me convencí que esta sería una buena oportunidad para "empaparme de ceguera".

Por tanto, me fui en mis vacaciones creyendo que estaría en un ambiente seguro donde haría amistades y llegaría a ser comunidad con mis pares.

Sola en la sección de carga

Cuando llegué a tomar el avión, descubrí que había una cantidad de personas yendo a la convención apiñados al principio de la fila para subir al avión. Al principio, no podía entender lo que pasaba, cuando al fin descubrí  que yo estaba en la sección económica y a todos mis colegas les habían dado asientos en primera porque traían perros guías. Está bien, lo acepté; creo en los derechos de los animales.

Al llegar, se nos dijo que nos quedáramos en el avión hasta que todos desembarcaran. Como yo llevaba equipaje de mano, sabía que no necesitaba quedarme con el grupo porque no tenía maleta que ir a buscar. Eso no importó. Nos hicieron formar un "tren" y un agente de seguridad del aeropuerto que estaba aterrado de los perros y creía que estábamos apestados nos llevó a buscar el equipaje. Nos gritaban órdenes a diestra y siniestra para que las oyéramos todos. Como generalmente viajo sola, ya me había acostumbrado a mis paseos ilimitados por los aeropuertos. Camino al hotel, nos presentamos y hablamos. Nadie parecía creer que la experiencia en el aeropuerto era poco común.

Mi compay Skip

Al momento de bajarme del furgón en el hotel, me saludó a voces un tipo de nombre Skip. Primero me quitó mi bolso, me dijo si quería que me tomara la mano para llevarme al mesón de registro, para luego decirme que él era mi "voluntario". Después que me puso en la fila, le pedí mi bolso. Me dijo que tenía instrucciones de darle el bolso al mozo y que estaría en mi pieza al llegar allá. Le agradecí y tomé mi bolso dejándolo allí insultado y ofendido.

Tarde de perros

Tomé mi llave y me dieron excelentes direcciones para llegar al elevador. Aprecié los gritos de "arriba" y "abajo" cuando las puertas del ascensor se abrían para dejar salir o dejar entrar a apelotonarse a la gente. Me las arreglé para ubicarme en un ascensor muy lleno que subía y, cuando se cerraban las puertas, respiré hondo. Aunque las experiencias de llegar allí me magullaron algo el orgullo, llegué. Al comenzar a subir, un gruñido formidable salió de un rincón del ascensor. Los dueños de perros sujetaban las correas y les exigían a sus perros no pelear, mientras condenaban al dueño del perro que osó a manifestarse en tan pequeño espacio. Como si no hubiesen escuchado, los cuatro perros que creo que habían le  contestaron en coro de gruñidos y ladridos y trataban de echarse encima del otro. Todo esto acompañado de maldiciones y amenazas de los dueños que chocaban entre sí tratando de calmar a sus cachorros. Afortunadamente, yo no estaba en un piso alto: escapé. Me quedé parada escuchando el eco de ruidos que subía. No sé si un incidente como ese es raro, pero sí sé cómo comenzó mi semana.

No más miradas fijas

Cuando generalmente hago viajes de negocio, como sola en los restoranes. Siempre he creído que no es justo que alguien me mire fijo cuando no puedo responder la mirada. En my primera noche en la convención, me senté sola y algo cómoda al saber que la mayoría de las personas en el restorán no me podían mirar fijo; de hecho, ni sabrían que yo estaba allí. Normalmente, si hay una conversación cerca de mí, no me molesta escuchar. Ahora me sentía culpable haciéndolo porque la gente que estaba allí no tenía idea que estaba presente. ¿Les debería decir, "Estoy como a tres pies de ustedes y puedo escuchar todo lo que dicen"? ¿O me debería quedar callada en la esperanza de escuchar algo que valiera la pena?

No ser diferente

Me sentía bien ahí. No tenía que preocuparme de recibir las cosas en un formato accesible. Los baños tenían etiquetas, había un diario en braille, por lo que me informaba de los cambios de horario y las novedades, y realmente aprecié que la gente se identificara cada vez que pasaba cerca de mí.  Pude asistir a muchas sesiones interesantes que trataban sobre los últimos adelantos tecnológicos, actividades de recreación novedosas y, lo que más me llamaba la atención, proyectos para resolver las necesidades de los niños ciegos. Hablando de niños, me habría gustado ver más allí. Oí de máquinas que pueden ubicar a una persona por medio de sistemas de posición global, lo que le permite a los ciegos, o a cualquiera, determinar dónde están y calcular cómo ir a la parte que quieren llegar. Me dio gusto escuchar sobre temas que se debaten dentro de la comunidad invidente, como el si "¿Se considera que la persona ciega que trabaja en un lugar segregado ha llegado al éxito en el trabajo?"

Lo que más me recompensó es que pasé tiempo con otros ciegos. Sin embargo, tuve que flexibilizar mis normas rígidas de normas sociales en fiestas y recepciones. Al encontrarme en una recepción con una cantidad de personas ciegas, alguien que escuchara una voz conocida corría de lado a lado de la pieza sin respeto a personas, perros o bancas. Lo más desilusionante es que con los atropellos, inevitablemente, me botarían el vino en lo excitante de la reunión.

A fin de cuentas, fue una gran experiencia. Aprendí tanto de lo que ya creía saber de la ceguera y la gente con discapacidades visuales. Fue realmente liberante experimentar No-ser-diferente, y ya puedo entender por qué la gente va todos los años a estas conferencias a sentirse en libertad y camaradería.


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